Carlos Estevez by Corina Matamoros
Tomado de Museo Nacional de Bellas Artes. Colección de Arte Cubano. 2001, Pág.268
Carlos Estévez es un joven artista que se da a conocer en los años 90 y que en una muestra personal de 1992 se propuso establecer un culto al universo espiritual del hombre, según él mismo definiera. Esta máxima sigue siendo, en gran medida, la sustancia de toda su trayectoria. Estévez interpreta todo lo que acontece, todo el mundo de los objetos y de la cultura, a través del prisma de la espiritualidad y de la reflexión acerca de la existencia. Su poética deriva de las ganancias y repercusiones que han tenido las corrientes postconceptuales en Cuba a partir de los años 80 y entronca con ese camino abierto desde Elso, en que lo religioso gana terrenos en el arte, tanto desde sus concepciones trascendentes, como desde sus metodologías. El interés de Estévez en realizar “una enciclopedia de metáforas” (1) habla de una artisticidad e intenciones cognoscitivas altamente eclécticas pero, sobre todo, de su concentración en lo simbólico. Sus lecturas filosóficas parecen haberlo acercado a esta reflexión; en particular Cassirer, con sus análisis sobre la expresión simbólica como fundamento constitutivo y denominador común de todas las formas de producción espiritual (2). Son importantes para Estévez todo tipo de cosmogonías, las filosofías que se centran en la existencia humana, el pensamiento antropológico, las concepciones de las culturas afrocubanas, el esoterismo, la magia, y hasta las realizaciones científicas y tecnológicas, imbuidas del pensamiento simbólico.

La mayoría de sus proyectos artísticos invitan a meditar sobre un hombre que es a la vez cosmos y dios y que reflexiona y actúa continuamente desde esa perspectiva trascendente en su afán de comprender el universo. Muchas obras de Estévez buscan las “huellas del alma” o la “morada del espíritu” en cualquier objeto o acción.

La verdadera historia universal, fue un dibujo de 1994 que se convirtió en instalación en 1995, y que obtuvo el Gran Premio en el I Salón de Arte Cubano Contemporáneo de ese año. En esta obra se trata de ese mismo hombre cosmogónico discurriendo ahora sobre la historia, enfatizando en la opción individual de interpretación y en la posibilidad de una comprensión metafórica de la misma. Se alude concretamente a los procesos de manipulación de la historia y se edifica simbólicamente, y por oposición, un espacio personal y privado para reconstruirla. Entre las motivaciones más cercanas a la pieza, el artista relata la impresión que le provocara el filme de Akira Kurosawa Rashomon, donde un mismo suceso contado por personajes diferentes puede convertirse en historias también diferentes. Pero además refiere que ha habido motivaciones más cercanas y actuales, como sucesos dramáticos manejados por la prensa que dejan la amarga sensación de lo manipulable que puede llegar a ser la historia.

Corina Matamorors Tuma
Notas:
1.- Citado por Karina Pinos-Santos en “Carlos Estévez: la verdadera historia de la creación”: La Gaceta de Cuba, no. 1, enero-febrero 1996, año 34, UNEAC.
2.- Nicolas Abbagnano. Historia de la Filosofía, tomo III, Editora Ciencias Sociales, ICL, La Habana, 1971.
 
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